Ya lo ven. Una vez más, el líder de UGT ha dado muestras cumplidas de su gran inteligencia sindical y política. Tantos años lejos del trabajo diario, le han permitido estar al día, evolucionar en su pensamiento, mantenerse fresco y en forma. No es extraño, en consecuencia, que su receta, para estos tiempos de crisis gestados con su complicidad, tenga que ver con el rancio discurso entre el capital y el trabajo, entre buenos y malos, entre progresistas y fascistas, entre ricos y pobres, entre demócratas y fachas. ¡Siempre lo mismo! Se presume de lo que se carece. Se permanece anclado en los planteamientos de inicios del siglo pasado. Eso sí, son progresistas.





