La agricultura de Baleares no tiene remedio, va en caída libre, si es que aún tiene margen para encogerse. En realidad, las cosas están tan mal que probablemente el conseller sea ya el último agricultor que nos queda, digno de ese nombre y no del de jardinero. El Govern, sea quien sea que esté a su frente, ha demostrado sobradamente su incapacidad para reconducir una situación que, hemos de aceptar, no es fácil de abordar. Recordemos que la conselleria tiene más funcionarios en nómina que agricultores hay de alta en el régimen de la Seguridad Social.








