A Francina Armengol le sucede como a su camarada José Blanco, el ministro de Fomento: de látigo de "corruptos" ha pasado a tuerta por la viga de acero que tiene en el ojo y que parece ser la única que no ve. Armengol, que tanta veces negó con sus declaraciones y comentarios la presunción de inocencia a los demás, es ahora el centro de un escándalo político. Sin ánimo de cargar las tintas y esperando la acción de la Justicia (¿dónde están ahora los fiscales estrellas del rock, dónde los detenidos con grilletes, las noches en el calabozo y los bocadillos de mortadela?), uno se pregunta si la Sra. Armengol está dispuesta a pasar por el calvario mediático y social que ella y los suyos impusieron a ciertos políticos y empresarios.
La presunción de inocencia es un principio sagrado así como los indicios son los que son. La adjudicación del concurso público para el mantenimiento de los jardines de la Empresa Funeraria Municipal en contra de los informes de los departamentos de Intervención y Adjudicación del ayuntamiento a la pareja sentimental de la por entonces presidenta del Consejo de Mallorca, constituye motivo para la inmediata acción judicial.
La presunción de inocencia y el respeto que siempre se le debe a imputados y no imputados no pueden ocultar las evidencias que señalan un probable caso de nepotismo. Así como nadie cuestiona que la mano en la caja o el cobro de sobornos constituyen delitos de corrupción, nadie debería dudar del dolo del nepotismo ya sea mediante la subvención interesada, el tongo en el concurso público, o la plaza a dedo para dar de comer al que generalmente es un inútil incapaz de ganarse la vida en el sector privado.
La dirigente socialista debería plantearse que por hechos (a fecha de hoy aún presuntos y sin condena) de menor entidad que los destapados por LA GACETA y que involucran a su pareja sentimental y al Ayuntamiento de Palma, algunos han dormido entre rejas y han visto pulverizados su honor y su carrera. Sería fácil caer en el revanchismo, colgar a Francina Armengol y a su novio jardinero de un árbol, y esperar a que creciera una mandrágora bajo sus pies. Lo sería, sí, pero es muy posible que los fiscales no estén por la labor y que aquellos que tienen derecho a clamar venganza mantengan las formas y el respeto que Armengol no demostró para con ellos.
*Eduardo de la Fuente es periodista.










