TROPEZABA CON TODO, andaba siempre medio cojo. Era literalmente un tuercebotas. El traumatólogo me sometió a la sencilla prueba de levantar el dedo anular todo lo que pudiera hacia el dorso de la mano. "Es usted hiperlaxo, sus tendones son como de goma y por eso es propenso a las torceduras de tobillo", concluyó. ¿Prosaica explicación o milonga? Lo cierto es que salí del hospital con una escayola en la pierna. Renqueante de camino a casa, me pregunté qué hubiera sido de mi vida de haberme dedicado al contorsionismo. Aquí, en Baleares, me hubiera comido un colín pues esta es tierra de faquires.
Como en cada periodo preelectoral, uno cae en la cuenta de los equilibrios, malabares e imposibles juegos dialécticos de los políticos y de la patulea subvencionada. En las últimas semanas hemos visto a los econacionalistas pidiendo dinero a Madrid (siempre dicen Madrid y no Gobierno, qué cosas) para construir carreteras y trenes; a los que mandaban ayer, escurrir el bulto por su atroz gestión económica (y de algún que otro escándalo político) para culpar del aumento del paro en septiembre al Gobierno de Bauzá; a profesores sectarios del sindicato de turno despotricar contra los recortes y erigirse en defensores de una educación que ellos mismo han contribuido a destrozar...
Culebrean con las palabras, se contorsionan como un niño del circo chino, estiran y retuercen argumentos indefendibles, creen que el cerebro de los ciudadanos es un tendón hiperlaxo al que pueden doblegar como les venga en gana. Otros, defensores de la lengua, montan manifas y saraos con el dinero de las subvenciones públicas que "la novia del jardinero" les dejó antes de salir de casa.
Hace unos días me topé por la calle con un antiguo compañero (?) de trabajo con el que apenas he cruzado un centenar de palabras en cinco años.
El tipo apretó el paso, se me quedó mirando como si hubiera visto un espectro y mientras se alejaba giró el mentón sobre el hombro para seguir mostrándome su mueca de espanto. Cual mochuelo o niña poseída fue capaz de un gesto infrahumano. No sé qué le habrán dicho de mí, que al menos desayuno bebés asados, supongo. Se lo digo, un hiperlaxo como yo es sólo un aprendiz en esta tierra.
*Eduardo de la Fuente es periodista










