La presente campaña electoral no ha sido la más brillante. A cada nueva elección uno tiene la impresión de que las neuronas se van quedando por el camino y de que vivimos campañas más aburridas, vacías y tristes que las anteriores. Nos jugamos mucho el próximo 20-N. Y ya sabemos lo que nos jugamos. Nos jugamos pasarlas canutas para salir adelante aunque nos duela o seguir viviendo del cuento y la sopa boba hasta que llegue el invierno y muramos de hambre y frío. Todos sabemos lo que hay que hacer si no queremos morir. Otra cosa es que estemos dispuestos a ello. Nos parecerá duro apretarnos aún más el cinturón pero deberíamos recordar que lo que nos aprieta ahora es la soga en el cuello.
La adopción de medidas impopulares en forma de recortes (que se producirán, no lo duden), la imperiosa reforma administrativa del Estado, la recuperación de la solvencia española en el exterior, la supresión de la casta partitocrática, el final del derroche de las subvenciones, el freno al incipiente secesionismo, la no claudicación ante ETA, y el cambio de modelo económico que sitúe a los valores productivos por encima de los especulativos… No es poco, y a buen seguro me dejo cosas. Rien ne va plus! Allá vamos, lanzados a toda velocidad, dispuestos a salirnos en la siguiente curva para morir abrazados a un árbol o jugando punta-tacón para controlar el bólido.
Nos jugamos vivir o morir. Morir supone acabar como Grecia o aún peor. Y cuando los españoles nos ponemos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Pero vivir no será volver a la situación de antes de la crisis. No, que nadie se crea el espejismo que algunos pintan. Ni España ni nuestras vidas volverán a ser lo que conocimos. Fuimos soberbios, derrochadores, tuvimos los políticos que nos merecíamos… Los ciudadanos somos corresponsables de nuestros males. Suena a castigo divino pero es cierto, enloquecimos y ahora pagamos las consecuencias. ¿Saldremos adelante? Por supuesto, pero lo que tenga que venir no será lo conocido, será otra cosa.
Imaginen que se ha caído la casa y que estamos atrapados bajo los escombros. Imaginen que una viga nos aplasta el brazo. Nadie puede mover la viga, ni una grúa. Debemos decidir entre cortarnos el brazo y salvar la vida o morir. El próximo domingo elegiremos al cirujano. Espero que sea el más indicado. Más nos vale.









